Sublimotion: los secretos del restaurante más tecnológico del mundo

En las más de dos horas que dura una cena, los comensales son trasladados a distintos escenarios sin moverse de la sala gracias a las sofisticadas proyecciones de sus paredes, las músicas y sonidos ambientales, los sistemas de recreación odoríferos y la utilización de la realidad virtual y la realidad aumentada para degustar algunos de los platos del menú.



La gran hoguera de las vanidades que es la cuenta oficial de Instagram de Sublimotion Ibiza, con más de 11.000 seguidores, no puede eclipsar la brillantez del concepto creado por el chef Paco Roncero y su socio Eduardo Gonzales. Atraídos tal vez por la etiqueta de restaurante más caro del mundo que han publicado en sus páginas desde la revista Forbes al Daily Telegraph o el Financial Times, a su exclusiva mesa de 12 únicos comensales se han sentado las más grandes estrellas del fútbol, reconocidos cantantes, famosas actrices e influencers de los que te hacen campaña entre sus millones de seguidores con un par de fotos y un hashtag. Hay quien asegura que calificar Sublimotion como restaurante es un error porque la experiencia supera con mucho lo meramente gastronómico. Pero tampoco sería apropiado llamarlo espectáculo, o concierto, o verbena, o cabaret, o laboratorio… aunque tenga un poco de todo eso. El propio Roncero no sabe muy bien cómo bautizar su invento: “a veces cuando nos juntamos con expertos en gastronomía o expertos en el mundo del espectáculo nos dicen que esto ni es un espectáculo ni es gastronómico. Que debería existir una palabra dentro del mundo del ocio que significara algo, y ese algo es Sublimotion”.

Al margen de la excelencia relativa al paladar, que con Paco Roncero -dos estrellas Michelín y uno de los más destacados representantes de la cocina de vanguardia española- al frente se le supone, hay muchos otros elementos que hacen que nadie hasta ahora haya inventado esa palabra que englobe todo lo que es Sublimotion. Está, por supuesto, la puesta en escena de cada cena, el espacio cuidado al límite, el servicio exclusivo… y está también la apuesta por las nuevas tecnologías para convertir el hecho de comer (tan natural, tan animal) en algo futurista. Un poco peliculero incluso.

En las más de dos horas que dura una cena, los comensales son trasladados a distintos escenarios sin moverse de la sala gracias a las sofisticadas proyecciones de sus paredes, las músicas y sonidos ambientales, los sistemas de recreación odoríferos y la utilización de la realidad virtual y la realidad aumentada para degustar algunos de los platos del menú. Esta tecnología permite a quien come saber al mismo tiempo cómo ha sido preparada la receta, consultar información relativa a los ingredientes o el valor nutritivo de la comida. Platos que levita frente al comensal, delicias que descienden en pequeños globos hasta la mesa o personajes que aparecen y desaparecen en el momento adecuado aseguran que convierte la experiencia en algo similar a un viaje onírico (el crítico del Daily Mirror, además de alabar la magia del chef Roncero, lo calificó como “algo emocionante. Como una Disneylandia lisérgica). Para Gonzales, la definición perfecta es futurista: “Sentarse en Sublimotion es ver como será una cena de amigos en el 2050”. Si tiene razón, apunta a que será, al menos, divertido (y ojalá, no tan caro).

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